Alberto Chessa (Murcia, 1976) es licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Cinematografía y Artes Audiovisuales. Compagina su trabajo como gestor y periodista cultural en diversas entidades con su dedicación a la escritura y la realización cinematográfica. Con su primer libro de poemas, La osamenta (Madrid, Rialp, 2011), consiguió el Accésit del Premio Adonáis 2010.
Los días de resaca me asaltan las preposiciones.
Leo los titulares de la prensa y sólo anclan en mi vista,
Con vocación nasal impertinente y un leve deje serial killer,
Un ante y un según, un por y un contra.
Para acabar con el juicio de dios -que diría Artaud- o de uno mismo
Lo primero y fundamental es acabar con las preposiciones
Y si hay suerte, sólo si hay suerte,
Acabaremos después con los gestos que nunca se detienen en el
espejo
Y así hasta encontrarnos un día ineludiblemente emparentados
con las moscas.
Los días de resaca me asomo al socavón que me queda por cuerpo
Y mis ojos (sin, so, sobre) me brillan más verdiazules que nunca
porque han acabado con el juicio de dios: ojos brillantes por el
placer de la intuición, por haber intuido ya su ausencia, su
propia ausencia.
Me ha engordado la cara. Mientras dormía me ha engordado la cara,
y temo ser un hombre todo cara, sin ojos, sin juicio y sin
preposiciones. Un hombrecara, carombre, con pómulos en
ristre y una papada-globo en la que dar la vuelta al mundo...
Tras, tras, ¿tras qué?, ¿tras tú?, ¿tras de ti?
El aire de la habitación recoge, absorbe, contiene todas las palabras
que escribo.
Nunca seré Alberto de Chessa, eso está claro.
In nomen omen
Leo los titulares de la prensa y sólo anclan en mi vista,
Con vocación nasal impertinente y un leve deje serial killer,
Un ante y un según, un por y un contra.
Para acabar con el juicio de dios -que diría Artaud- o de uno mismo
Lo primero y fundamental es acabar con las preposiciones
Y si hay suerte, sólo si hay suerte,
Acabaremos después con los gestos que nunca se detienen en el
espejo
Y así hasta encontrarnos un día ineludiblemente emparentados
con las moscas.
Los días de resaca me asomo al socavón que me queda por cuerpo
Y mis ojos (sin, so, sobre) me brillan más verdiazules que nunca
porque han acabado con el juicio de dios: ojos brillantes por el
placer de la intuición, por haber intuido ya su ausencia, su
propia ausencia.
Me ha engordado la cara. Mientras dormía me ha engordado la cara,
y temo ser un hombre todo cara, sin ojos, sin juicio y sin
preposiciones. Un hombrecara, carombre, con pómulos en
ristre y una papada-globo en la que dar la vuelta al mundo...
Tras, tras, ¿tras qué?, ¿tras tú?, ¿tras de ti?
El aire de la habitación recoge, absorbe, contiene todas las palabras
que escribo.
Nunca seré Alberto de Chessa, eso está claro.
In nomen omen
Han derribado un muro enfrente de mi casa.
Ayer por la mañana me despertó el estruendo.
Me asomé, como quien se asoma
A un recuerdo imprevisto, y no vi muro alguno.
Seguía oyendo cada golpe,
El crepitar de la argamasa
Cuando deviene cera derretida,
La piedra hecha jirones
Como ropa o ceniza amontonada
Y a punto de engordar la piel del aire.
Todo lo oía pero sólo oía.
Ningún muro, ningún escombro vi.
Y sé que estaba enfrente de mi casa.
Mi amor: ya sólo soy la sombra
Del sueño de una sombra
(INÉDITOS)
Hoy, 8/10/2011, a las 19:00h, en el Museo de la Cuchillería