Borja Cebrián. Algunos años más tarde de su primer poema ha sido seleccionado en alguna antología y concurso sin demasiada repercusión. Sigue sentado en la misma mecedora verde observando cómo se distribuye la luz gradualmente sobre los árboles. Ha superado tests, endurecido el corazón con vitaminas, cambiado toda su música por un vale en el supermercado, obedecido, y algo en él quizá cambie, pero intuye suficiente espacio en el vaivén de la mecedora. Puede que aguante diez años más en esta misma postura moliendo el tiempo, incluso puede que se compre un gato, tenga un jardín y su barba se cierre de una vez por todas.
La condición para realizar este viaje
es hundir tu voz en un hueco insondable,
permanecer quieto hasta que alguien te descubra.
Está el barco preparado para aguantar el peso de una vida
oscura,
sube en él si quieres,
pero nunca preguntes hacia dónde se dirige.
es hundir tu voz en un hueco insondable,
permanecer quieto hasta que alguien te descubra.
Está el barco preparado para aguantar el peso de una vida
oscura,
sube en él si quieres,
pero nunca preguntes hacia dónde se dirige.
La casa sobrevive sin nosotros,
permanece en pie porque nunca la pisamos.
Su ventanal limpio deja pasar luz lentamente.
El frío, la guerra, no tienen lugar en la casa,
mecen sus alas polvorientas por encima del tejado.
Puedo ver la casa en la montaña,
su calor ascendente en una columna perfecta,
puedo ver que me sonríe a pesar de mi abandono.
Inmóvil, la oscuridad aguarda.
(INÉDITOS)
Hoy, 6/10/2011, a las 21:00 horas en el Café Literario Indiano.